Adriana Bustos

“Imago Mundi”

Una imagen: Lo visible y lo invisible

Un cuadro que parece un pergamino de la antigüedad, que asemeja también un mapa medieval, un árbol genealógico del siglo diecinueve e incluso un mural de cierto aspecto cientí co -compuesto por dibujos que en un principio pueden pensarse inconexos- exige la atención completa del espectador.

Paul Klee decía que “la actividad del espectador es temporal, él conduce cada parte del cuadro dentro de su campo visual y, para poder ver otra parte, tiene que abandonar la que recién vio”.1 Esta visión sectorizada va componiendo una narrativa alternativa del mundo, que nos permite reinterpretar, comprender y describir lo que nos rodea.

“Curiosidad” puede ser la palabra más adecuada para adjetivar la poética creativa de Adriana Bustos. De las miles de imágenes disponibles en esta era de tecnología y constante creación de iconografías, ella edita y compone para con gurar una visión de mundo que, de algún modo, remite al Atlas Mnemosyne del teórico e historiador alemán Aby Warburg, quien atribuye la supervivencia de la cultura a las imágenes. Para Bustos, la imagen no es unívoca, más bien integra las múltiples conexiones que se rami can de cada una: las imágenes como “la sombra del mundo”.2 Cada una no es solo lo que se ve, sino también lo que está ausente.

Positivismo mágico es un intento de probar de forma rizomática modos antagónicos de leer el mundo, explica la artista, sirviéndose del método cientí co, la tecnología, el espiritismo y la metafísica. Bustos no pretende entregar una visión totalitaria ni explicativa de las distintas temáticas que aborda, pero sí aportar un enfoque sesgado, desde diversos ángulos, que permita leer desde la propia experiencia y capacidad de imaginar y asociar.

La curiosidad en la poética creativa de Bustos ha desa ado la comodidad de representar el mundo dentro de los límites de un marco y la solidez de anclarse a un muro, cruzando lo bidimensional. Esta experiencia ‘liberadora’ ha convertido sus dibujos y sus pinturas en objetos tridimensionales o esculturas, como la Mesa espirita, que contiene el panteón Yorùbá afrobrasileño y citas del viaje realizado por el Candomblé desde África a América. Ha posibilitado también repensar la forma de disponer la pintura en su serie Mundo molecular, en la que pinta hormonas que activan la percepción y se vinculan a lo espiritual, que se puede ver solo por medio de la proyección sobre un espejo al reverso de cada cuadro. La instalación lumínica Antro-subterráneo, en tanto, evidencia y al mismo tiempo cuestiona la visibilidad y lo real, lo central de la metafísica, mediante la proyección de sombras de un mundo mitad visible y mitad invisible.

Se puede advertir una etapa de diálogo entre lo bidimensional y tridimensional en la práctica artística de Bustos, que solo aporta de manera positiva y hace su imaginario aun más interesante y activo para el espectador. Así como Warburg en la década de 1920, ella continúa incansablemente constelando imágenes que, por medio de sus conexiones, crean conciencia de lo visible e invisible del mundo.

AlexiaTala Mayo, 2015

ADRIANA BUSTOS “Imago Mundi” Noviembre 2017.