Pablo Ravina

“White Lies”

Pablo Ravina lleva a un límite crítico (es decir, próximo a quebrarse) el concepto de apropiación. De hecho algunas de sus obras filtradas en esta, su primera exhibición (así llamada) individual, pueden ser descritas como copias precisas de obras realizadas por otros artistas (aun cuando dependiendo del acento que les otorga, el artista escoja, en ocasiones, un cambio de escala). Recombinadas, manipuladas, o simplemente reconstruidas (tal cual), su propuesta reúne aquí un comentario provocador sobre el momento efervescente que atraviesa el arte contemporáneo local y un enfoque irónico (algunos podrán decir que incluso cínico) a cerca de su tantas veces cuestionada originalidad.

Y acaso uno de sus aportes radica en eso: más allá de la dosis de fraude deliberado, el emplazamiento de su propuesta asume un comentario incómodo (acertadamente impertinente) sobre el que, por el contrario, al menos entre nosotros, pocos se han animado a transitar. Se trata de una mezcla curiosa e imprecisa para el espectador, que puede confundir con una celebración lo que es aquí una crítica institucional lanzada con humor, y enfocada en los modos de circulación del arte último y sus procesos de asimilación; y en donde puede marcarse cierto desgaste de enunciados que regresan siempre como envueltos en nuevos empaques. Sin embargo, hay aquí una admiración (casi un homenaje) a las piezas por él escogidas, con lo cual el diálogo con ellas se hace más complejo y no se reduce al llano robo: un límite borroso entre lo propio y lo ajeno. En una era de batallas por el libre acceso a la información, en donde se abren a paso galopante reformas a las leyes del copyright y de la propiedad intelectual y surgen globalmente movimientos activos contra las patentes del conocimiento, una identidad se abre paso contra la tradicional noción de propiedad, creando un flujo que asume indistintamente el influjo, la parodia y el simulacro.

En la obra de Ravina que podemos llamar ‘personal’ (aun cuando siempre se filtran las multiplicidades con o sin nombre que habitan a todo sujeto), el arte parece llegar a otro límite que el ojo por sí solo no es capaz de advertir. No se haya, no se encuentra, y es ese no-lugar, ese silencio, el punto preciso por donde una dosis de farsa parece impregnar toda forma de sinceridad.

Algo de esa auto-referencia con la que el arte se ha acostumbrado a volver y revolver su historia, parece aquí ya un movimiento circular sobre el presente más inmediato. Entonces se subraya fuertemente la inutilidad de preocuparse una y otra vez por el significado de una obra considerada única e irrepetible y enfatizar cuantas veces sea necesario que lo que cuenta es el uso o la función que el objeto artístico asume, asignado dentro de ese engranaje que pretende desestabilizar, e inscribiéndose al mismo tiempo en otro que contribuye a crear o a mover.

Emilio Tarazona
Curador

PABLO RAVINA  “White Lies” 20 de marzo al 17 de abril de 2013.